Carta Geográfica Política-Topográfica de la Provincia Grande de Misiones, levantada por Lautaro Ciszlach (Kowal Art), ambientada en el período artiguista (1815).
Las fronteras de las Misiones sufrieron constantes variaciones territoriales desde fines del siglo XVIII. Aunque asentamientos clave como Yapeyú (cuna de José de San Martín) permanecieron bajo su órbita, amplios sectores como las Misiones Orientales terminaron consolidados bajo dominio luso-brasileño, mientras que los departamentos al norte del Paraná cayeron bajo control paraguayo.
Mientras tanto en su expedición al Paraguay, Manuel Belgrano organizó Mandisoví (1811) y atribuyó formalmente su jurisdicción al departamento misionero de Yapeyú.
Otro territorio incluido, pero no controlado son las Misiones Orientales, en 1815, José Gervasio Artigas ratificó de forma definitiva la restitución de los Siete Pueblos de las Misiones Orientales a la jurisdicción indivisible de Misiones, encomendándole a Andrés Guacurarí su reconquista y administración como Comandante General.
Dentro del convulso proceso revolucionario, la delimitación representada en la Carta Geográfica de 1815 corresponde al período de mayor estabilidad política e institucional de la Provincia Grande de Misiones, integrada a la Liga de los Pueblos Libres, dentro de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
La configuración de este mapa responde de forma directa a la actuación militar y política de Andrés Guacurarí y Artigas. Desde la jefatura de la provincia, Guacurarí protegió el actual territorio argentino frente a la presión imperial lusitana, recuperó los pueblos misioneros ocupados por Paraguay en el departamento de Candelaria y encabezó contraofensivas sobre el Brasil en un intento por reconquistar las Misiones Orientales.
Asimismo, su proyección regional se consolidó al recuperar Corrientes para reincorporarla al esquema federal, asumiendo su gobierno y defendiéndola militarmente de una incursión paraguaya. Sin embargo, esta constante dinámica bélica durante la década de 1810 provocó un desgaste humano y material devastador para la población y la infraestructura misionera.
Con la caída del sistema artiguista y la formación de la República Enterriana por Francisco Ramírez (1820-1821), Misiones perdió definitivamente el control sobre el sector sur (actual territorio de Entre Ríos). En un esfuerzo por frenar la destrucción, el comandante general Francisco Javier Siti promovió el Acuerdo de Mocoretá, buscando garantías para que los misioneros pudieran reasentarse en sus pueblos destruidos sin ser reclutados para la guerra por un plazo de diez años.
Siti presentó a Ramírez un plan de repoblación para los antiguos pueblos abandonados, pero las divergencias políticas terminaron en un enfrentamiento armado. Con la vasta mayoría de sus reducciones arrasadas y despobladas, la región cayó en un limbo político, llegando a convivir dos gobernadores de forma simultánea.
Tras la derrota de Ramírez, el Tratado del Cuadrilátero (1822) intentó dar un marco de contención al estipular que Misiones mantendría el derecho de constituir su propio gobierno y solicitar la protección de cualquiera de las provincias firmantes. Bajo este estatus de autonomía debilitada, la provincia fue formalmente convocada al Congreso General Constituyente de 1824.
Durante la segunda mitad de la década de 1820 se inició una paulatina repoblación del Litoral en pueblos como Yapeyú, La Cruz y Santo Tomé. En este contexto, la provincia de Corrientes comenzó a expandir progresivamente su influencia poblacional, militar y administrativa sobre los restos del territorio misionero.
Esta ocupación generó un fuerte conflicto a escala nacional: provincias como Santa Fe y Buenos Aires llegaron a amenazar militarmente a Corrientes para que detuviera la toma de tierras de la antigua Misiones. En su defensa, las autoridades correntinas argumentaron la vigencia del Decreto Directoral de Gervasio Posadas (1814), que anexionaba dicho territorio a su jurisdicción.
Sin embargo, la validez de este argumento fue fuertemente disputada por las demás provincias, sosteniendo que la posterior alineación de los gobernantes misioneros y las dinámicas de la guerra civil habían dejado sin efecto o en un terreno jurídico ambiguo la aplicación de esa norma.
Incapaz de sostener su estructura autónoma frente a la devastación demográfica y la presión de sus vecinos, la Provincia de Misiones como estado provincial federado desapareció oficialmente hacia 1832, quedando su territorio administrado principalmente por Corrientes.
Posteriormente, tras la Batalla de Pago Largo (1839), reaparecieron pronunciamientos que volvían a reconocer la existencia nominal de Misiones; no obstante, estos intentos no derivaron en una reorganización institucional o territorial efectiva. La restitución formal de Misiones como entidad territorial de pleno derecho no se concretaría sino hasta décadas más tarde, una vez finalizada la Guerra de la Triple Alianza.
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